¿Puede una economía basada en el crecimiento ser sostenible?

La respuesta, desgraciadamente, es compleja.
Vivimos, al menos de momento, en un planeta finito, con recursos limitados. Por lo tanto es sencillo entender que, si la economía de la mayor parte de los cerca de 200 países en que nos hemos organizado se basa en crecer económicamente cada año, algo va a dejar de funcionar más tarde o más temprano.

Indicadores económicos

Además, para medir y comparar este crecimiento, se ha normalizado el uso de indicadores como el Producto Nacional Bruto, que se basa en registrar sólo las actividades que cuestan dinero, y por lo tanto conllevan la generación de ingresos.

De este modo, en general no se tienen en cuenta al estudiar lo saludable de una economía, o compararla con la de otro país vecino, las actividades que puedan estar exentas de trasiego monetario. Así, los voluntariados, los trabajos domésticos, etc., son ignorados por estos indicadores que no nos darán una idea totalmente cierta del bienestar económico de una sociedad.

Es más, en el caso de las actividades contempladas por indicadores como el PNB, tampoco se tendrá en cuenta si consumen recursos renovables o no, o su afección al medio ambiente y por lo tanto a nuestra salud y calidad de vida.

Decrecimiento, ¿la solución?

Por lo tanto es fácil entender que no se trata de pasar de una economía del crecimiento a una del decrecimiento, si vamos a seguir usando para medirlo los mismos indicadores macroeconómicos que nos mantienen a ciegas del verdadero gasto ambiental o social de una economía, ya sea creciente o decreciente.

En esta línea, muchas veces confundimos o intercambiamos los términos crecimiento sostenible con desarrollo sostenible. Una economía sana para los humanos y para su entorno puede crecer, permanecer igual o decrecer en lo que se refiere al PNB. Por ejemplo, el sector del transporte público podría crecer mucho a la vez que el privado decrezca y el balance claramente sería positivo para la sociedad. Y al contrario, está claro que ciertas formas de consumo (y consumismo) son completamente ilógicas desde un punto de vista social o ambiental. Estas formas de consumo nos han llevado cada vez a “robar” más espacio y recursos al planeta y devolverle más residuos y contaminación, sin que las nuevas tecnologías consigan paliar estos efectos, conduciéndonos en la actualidad en una situación de emergencia ecológica.

Economía ecológica

Con estas pinceladas básicas, ya que entrar en este tema en detalle daría para un blog aparte, esperamos que os intereséis un poco más por la economía ecológica, ciencia que estudia la gestión sostenible o sustentable, enfocando la economía desde un punto de vista ambiental.

Os dejamos una breve lista de lecturas interesantes:

La economia futura de la tierra como un navio espacial, de Kenneth E. Boulding

La tragedia de los comunes, de Garret Hardin

Y el libro Economía Ecológica y Política Ambiental, de Joan Martínez Alier Y Jordi Roca Jusmet.

Autor: Rebeca Pérez

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