Emergencia climática y activismo medioambiental

Aunque para algunos pueda parecer algo novedoso o incluso un tema de moda, el activismo ambiental no es nuevo.

Y esto es porque en las últimas décadas siempre ha habido motivos para alzar la voz contra malas prácticas medioambientales. La especie humana ha transitado por la historia tomando un camino que le ha llevado a un punto de desarrollo en que su actividad, o al menos el balance de ésta, no para de degradar y dañar el medio natural en que vive y que, a fin de cuentas, le da de comer.

Ha habido luchas más sonadas y otras más discretas, locales o transfronterizas, pero hace mucho que el activismo medioambiental está ahí, surgiendo casi siempre en reacción a eventos concretos que ponían en riesgo la naturaleza que nos rodea. La Plataforma Nunca Máis tras el hundimiento del Prestige en Galicia, iniciativas contra el fracking en diversos puntos del Estado, o la lucha contra la contaminación fluvial por lindano en Aragón son ejemplos de la diversidad de casuísticas asociadas a estas reivindicaciones.

Pero vamos a centrarnos en el presente. ¿Qué es Fridays for Future? ¿Y la rebelión contra la extinción? ¿Por qué veo por todas partes a una adolescente sueca enfadada? ¿Es todo esto sólo una moda?

El contexto

Estos grandes movimientos sociales nacen y llegan a tener un gran alcance en un tiempo en que por una parte, la comunidad científica lleva ya recorrido un largo camino advirtiendo de los efectos de nuestra actividad sobre el clima, y por otra, las redes sociales permiten un rápido intercambio de información e ideas, sirviendo de altavoz y conexión a personas muy alejadas entre sí que deciden actuar ante un problema común.

Pero por encima de todo esto, en octubre de 2018 ve la luz el Informe especial sobre los efectos de un calentamiento global de 1,5 °C del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change, es decir, Panel intergubernamental sobre el cambio climático). En él, se presenta un escenario próximo en el tiempo en que el calentamiento llega a superar los 3°C si se mantiene el ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero (para 2100 concretamente), calculándose el actual en 1°C sobre los niveles preindustriales, con las consabidas consecuencias que estamos sufriendo. A lo largo de este informe se plantea la necesidad de tomas las medidas adecuadas para limitar este calentamiento a 1,5°C, justificándose por grandes beneficios en ecosistemas y salud. Para ello, y tras demostrar que sería técnicamente posible esa limitación del calentamiento a 1,5 °C, sería necesario al­canzar una emisión cero en 2050, entre otras cosas.

En este contexto, diversas agrupaciones de ciudadanos y científicos deciden, una vez más, alzar la voz y exigir a los gobernadores que actúen en consecuencia.

Grandes movimientos actuales: Fridays for Future y Extinction Rebellion

Una de estas personas es Greta Thunberg, estudiante sueca que a los 15 años comenzó a faltar a clase para manifestarse cada viernes,  exigiendo al gobierno medidas para mitigar el cambio climático, y movilizando poco a poco a millones de estudiantes que se suman a su reivindicación, organizándose así el movimiento Fridays for Future (los viernes por el futuro), que traspasa fronteras y llega a promover huelgas globales seguidas en más de cien países.

Concretamente en España, la huelga del 27 de septiembre fue seguida en más de 150 ciudades, exigiendo la toma de medidas urgentes para caminar hacia una emisión cero.

El discurso de Greta ha llegado tan lejos como para ofrecer charlas en la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas de 2018 o el Foro Económico Mundial, poniendo de manifiesto la implicación de generaciones tan jóvenes con el cuidado del medio ambiente. De hecho, paulatinamente han ido surgiendo en países de todo el mundo agrupaciones de jóvenes estudiantes con similares objetivos y modo de acción.

Paralelamente, y no tan ligado al ámbito estudiantil, surge  Extinction Rebellion (rebelión contra la extinción), que nace inicialmente en el Reino Unido a finales de 2018, pero pronto se convierte en un levantamiento internacional. Se trata de un movimiento constituido por personas muy diversas, que entienden que nos hemos adentrado en la sexta extinción masiva, y que sólo tenemos doce años para frenar el cambio climático, a raíz de la publicación del anteriormente citado informe especial del IPCC.

Actúan mediante la resistencia no violenta y en Reino Unido ya han conseguido respuesta por parte del gobierno, si bien no suficiente según su criterio. Sus demandas son tres básicamente:

  1. Que se informe verazmente a los ciudadanos del estado de emergencia climática y se trabaje con otras instituciones y medios de comunicación para difundir la necesidad del cambio.
  2. Que se actúe inmediatamente para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a 0 neto en 2025.
  3. Que los gobiernos creen asambleas ciudadanas cuyas decisiones tengan carácter vinculante.

Esta reivindicación ha trascendido fronteras y  llevará a cabo acciones disruptivas a partir del 7 de octubre de 2019 en grandes ciudades de todo el mundo, con estas exigencias por bandera.

Y después, ¿qué?

Es legítimo dudar de la durabilidad de estos movimientos, temer que se trate de acallarlos o de hacerlos pasar por una moda temporal, o que los implicados cesen en sus demandas ante el desencanto. Pero cabe pensar que, precisamente por el gran seguimiento entre jóvenes estudiantes, sea algo que se interiorice y se defienda hasta conseguir resultados.

En cualquier caso, es nuestra responsabilidad trabajar para que la lucha contra el cambio climático, y el cuidado del medio ambiente en general, sean una constante y lleguen a obtener resultados. Y por supuesto, difundir esta realidad, educar e informar de qué soluciones están en nuestra mano, porque la información es poder.

Desde los más pequeños gestos a las demandas más ambiciosas, todo cuenta.

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